¡¡NO, LA CIENCIA NO ES NEUTRAL!!

corriente 8 años, 5 meses atrás Artículo Comentarios

J.M. LEVY LEBLOND, científico francés de 30 años, de renombre mundial y profesor de la facultad de ciencias de París, pronunció hace algún tiempo esta alocución, con motivo de haber recibido el premio THIBAUT otorgado por la academia de ciencias por sus trabajos en el campo de la física atómica. El discurso de Leblond causó sensación y desconcierto entre la comunidad científica por su denuncia del papel que ha venido desarrollando la ciencia en la dinámica del actual sistema. El joven científico ha sido suspendido de sus funciones docentes por su apoyo activo al militante movimiento estudiantil. El caso Leblond ha provocado un escándalo en Francia, ya que desde la ocupación alemana (1940-1945), es la primera vez que un profesor universitario es perseguido y sancionado por sus ideas políticas. A la luz de estos hechos, el texto siguiente cobra especial significado.


Con mucha satisfacción recibo el premio THIBAUT de nuestra academia. Este premio es para mí especialmente importante por varias razones. En particular por que me ha dado la oportunidad de profundizar un número de preguntas referentes a mi situación de científico y de exponer algunas de mis conclusiones.

Es en efecto imposible, recibir tal premio sin plantearse algunas preguntas: ¿Por qué esta recompensa? ¿Qué he hecho de meritorio? Y más generalmente aun. ¿A quién sirve mi actividad científica? ¿Cuál es el papel que juega la ciencia en nuestra sociedad?

A todas estas preguntas existe una serie de respuestas “naturales”. ¿No es evidente que la ciencia juega hoy en día un papel fundamental en la evolución de la sociedad y es el motor esencial del progreso? ¿Que el científico se ha vuelto el agente esencial de la felicidad de la humanidad?

De esta forma, un poco menos clara, volvemos a encontrar el eterno discurso que hemos oído desde la escuela primaria hasta la universidad, difundido por los organismos más conservadores. Y hasta por algunas voces llamadas revolucionarias. Sin embargo, hay buenas razones para emitir dudas en cuanto a la validez de estas respuestas. Antes de todo, consideremos la relación entre la investigación fundamental y los progresos de la sociedad. Dos de los ramos más costosos y prestigiosos de la ciencia actual son, sin duda alguna, la física de las partículas de alta energía y la física espacial. ¿Dónde están sus contribuciones al progreso general? Casi unánimemente los científicos pueden confesar, sin dificultad, que no se puede esperar ninguna aplicación al progreso general. En cuanto a las aplicaciones de la investigación espacial, yo no conozco otra cosa que algunas ollas refractarias y otros “gadgets” análogos.

Clara está que mi posición me pone en la obligación de declarar que mis trabajos, por los cuales me han premiado, son un ejemplo obvio de que la investigación pura, no tiene más interés que el de despertar la curiosidad de unos veinte especialistas del mundo. La mayoría de los trabajos de investigación son perfectamente esotéricos y son comprensibles por solo algunos pocos iniciados. Claro está que existen otros de los cuales se pueden extraer gigantescas posibilidades de aplicación, la medicina y la agronomía por ejemplo parecen poder aportar algunas respuestas técnicas a los problemas del hambre y la enfermedad que son los más grandes de la mayoría de la humanidad. Sin embargo las estructuras sociales actuales no permiten que estas soluciones puedan ser empleadas. Pensemos solamente en la falta de hospitales en Francia, en los precios elevados de las drogas y de las consultas médicas, sin hablar de otros países donde la situación de los pobres es peor que en Francia. Si el progreso de la técnica en general conlleva un aumento de la producción industrial, no se conocen casos donde ésta haya tenido como consecuencia directa el mejoramiento de las condiciones de las clases populares.

Yo no quiero afirmar con esto que la ciencia y la investigación no sirven para nada. Al contrario, estoy convencido de que son muy útiles, solo que no se aplican a lo que, ni a quienes debería servir. La actividad científica es inseparable del sistema dentro del cual se práctica. Como todas las otras actividades, ella es orientada a asegurar la perpetuación o, al menos, la supervivencia de un sistema.

En el plano político, es evidente que las potencias imperialistas utilizan al máximo la técnica moderna para obtener un armamento destinado a garantizar su poder. Es sin duda alguna , en el campo militar donde la investigación científica ha encontrado sus aplicaciones más grandes en los últimos años. Pero aun en este campo, la utilidad y la eficacia de estas aplicaciones permanecen limitadas a pesar del terror atómico. Nos vasta solamente mirar la resistencia victoriosa del pueblo vietnamita contra la agresión norteamericana, para persuadirnos de que en ninguna parte del mundo, la técnica y la ciencia pueden garantiza de modo absoluto el poder militar y político. En el campo atómico se puede notar el papel - cada día más importante - que juega la investigación científica en el presupuesto de los países capitalistas desarrollados ¿Se puede verdaderamente creer que inversiones tan importantes serían aprobadas si no fueran útiles para ellos? Estas inversiones son una necesidad para el sistema.

Y ahora quisiera mencionar el papel ideológico crucial de la ciencia. Se puede declarar sin miedo que después de la religión y las “Humanidades”, hoy en día es la ciencia la que estructura las formas de ideología impuesta por la clase social en el poder, o sea la burguesía. De este modo, la ciencia es invocada para dar una máscara de objetividad y de tecnicismos a la dominación de esta clase. Sirve también, para justificar el aparato de la jerarquía, procurándole criterios objetivos.

En fin, el último servicio de la ciencia es el de asegurar el montaje de los nuevos juegos de circo que divierten a las masas, alejándolas de los verdaderos problemas: así se pueden considerar por ejemplo, la carrera a la luna y el paseo de sus robots, al precio de millones de dólares que representan el sudor y la sangre de millones de hombres a quienes se les presenta este espectáculo.

Después de estas observaciones sobre el papel que juega la ciencia, el científico aparece como un agente de estos mecanismos. Que sea consciente o inconsciente de las fuerzas al servicio de las cuales está operando, resulta secundario. De todas maneras el es necesariamente su cómplice. Todas las motivaciones citadas anteriormente, que se trate del progreso técnico o del bien de la humanidad, todas son hipocresías ante los hechos.

En realidad, a través de la investigación los científicos buscan sobre todo el poder. Una carrera universitaria científica es, hoy en día, la escalera para subir a puestos gubernamentales ¿Y por qué no hablar también de las ventajas materiales que los científicos extraen de su profesión? Un salario muy cómodo, viajes gratis al exterior, premios científicos importantes, como el que acabo de recibir. Y aquí encontramos las respuestas a las preguntas ¿ Por qué existen los premios científicos si no es para recompensar a quienes han cumplido fielmente la misión que les entrega esta sociedad? Propagar y entretener la idea de una ciencia políticamente neutra y socialmente progresista, aceptar y amplificar la ideología de la “elite” con el fin de ayudar a la clase dirigente a enmascarar los mecanismos de opresión y de explotación sobre los cuales está fundada nuestra sociedad.”