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Crecimientos exponenciales

En El hombre que calculaba de Malba Tahan, Beremíz, el calculador, cuenta la historia del origen del ajedrez1. El rey Iadava, señor de la provincia de Taligana en la India se encontraba muy afligido por la muerte de su hijo, el príncipe Adjamir, en medio de una guerra defendiendo su territorio.

Mucho tiempo pasó el rey encerrado en sus aposentos hasta que Lahur Sessa, un joven brahmán2 llegó hasta él con un nuevo juego que simulaba un campo de batalla con el cual comprendió que a veces es necesario el sacrificio de una pieza, inclusive una muy valiosa, para poder obtener la victoria.

El rey quiso premiar al brahmán quien inicialmente rechazó cualquier obsequio. Ante la insistencia del monarca pidió una solicitud bastante extraña para toda la corte:

Me daréis un grano de trigo para la primera casilla del tablero; dos para la segunda; cuatro para la tercera; ocho para la cuarta; y así, doblando sucesivamente hasta la sexagésima y última casilla del tablero.

El rey no pudo dejar de llamar insensato a quien creó el ajedrez, no solo porque pidió su recompensa en granos de trigo, sino porque, para él, en un puñado de trigo «hay un número incontable de granos» y «con dos o tres medidas», pensaba él rey, pagaría sobradamente la petición.

Grande fue su sorpresa cuando sus algebristas, luego de tomarse su tiempo para realizar los cálculos respectivos concluyeron que es una magnitud inconcebible para la imaginación humana y afirmaron lo siguiente:

Calculamos en seguida con el mayor rigor cuántas ceiras correspondían a ese número total de granos y llegamos a la siguiente conclusión: el trigo que habrá que darle a Lahur Sessa equivale a una montaña que teniendo por base la ciudad de Taligana se alce cien veces más alta que el Himalaya. Sembrados todos los campos de la India, no darían en dos mil siglos la cantidad de trigo que según vuestra promesa corresponde en derecho al joven Sessa.

Sabia es la conclusión de Lahur Sessa al señalar las tantas veces que «los hombres más inteligentes se obcecan a veces no solo ante la apariencia engañosa de los números sino también ante la falsa modestia de los ambiciosos». El soberano asumió una «deuda cuya magnitud no puede valorar con la tabla de cálculo de su propia inteligencia».

Todos nos encontramos en la misma posición que el rey cuando lidiamos con números más allá de nuestra imaginación. ¿Cuánto son 40.000 kilómetros? Es la circunferencia de la Tierra. ¿Y cuánto es la distancia al sol? cerca de 150 millones de kilómetros. También dicen 8 minutos y 20 segundos luz, que es una unidad de distancia, no de tiempo. Aunque vemos números allí, son difíciles de comprender y comparar porque no forman parte de las distancias con las que lidiamos diariamente. Ni hablar del tamaño de nuestro Sistema Solar, de la Vía Láctea o de todo nuestro Universo.

No solo padecemos ante los números grandes, sino también, ante los números muy pequeños. Existe a nuestro alrededor un mundo de lo muy pequeño que no podemos ver a simple vista. Existen virus y bacterias, que están compuestos de partes más pequeñas que ellos mismos, que a su vez están integradas por componentes más diminutos de materia. Mi cerebro tan solo sabe que son cosas muy pequeñas, y que unas son más pequeñas que las otras, pero no puede imaginarse realmente lo que quiere decir eso. No cuestionaré al regente del relato porque no estoy seguro de haber reaccionado diferente en su lugar.

La historia del origen del ajedrez no solo nos lleva a reflexionar sobre números muy grandes o muy pequeños, sino también sobre el crecimientos acelerado de los números. Un tablero de ajedrez cuenta con 64 casillas organizadas en 8 filas y 8 columnas, como podemos ver en la siguiente imagen:

Veamos la cantidad de granos de trigo que tendríamos que pagar al brahmán tan solo por la primera fila del talero si incurriéramos en semejante deuda:

2020-06-10_07-31-49_first_row.png

Vemos números muy familiares. En total hay que pagar 255 granos de trigo en esta fila. Tal vez nos baste con un puñado para satisfacer nuestra obligación. Son números que usamos diariamente. No obstante, pensémoslo de otra forma; en tan solo 7 pasos, saltamos de 1 único grano de trigo en la primera casilla, a 128 en la octava. Si habláramos de rentabilidad sería una ganancia bastante considerable: invierto un peso de mi dinero y obtengo 127 extra.

Veamos ahora la segunda fila:

2020-06-11_06-44-39_row2.png

Sumamos 65.280 granos de trigo para un total de 65.535 en lo adeudado al brahmán.

Sigue siendo una cantidad de granos que seguramente un rey puede otorgar. Vemos, no obstante, que creció bastante en comparación a la primera fila. \(255 \times 256 = 65280\), lo cual quiere decir que la segunda fila es 256 veces más grande que la primera.

Veamos ahora las siguientes dos filas, con las que cubrimos la mitad del tablero:

2020-06-11_06-59-20_third_fourth.png

La tercera fila suma a la deuda un total de \(16.711.680\) granos de trigo. Esa cantidad se lee como dieciséis millones setecientos once mil seiscientos ochenta. Al multiplicar la segunda fila por 256, nos encontramos con el total de la tercera fila: \(65280 \times 256 = 16.711.680\). De la segunda a la tercera, el resultado creció, nuevamente, 256 veces. ¿A qué equivale esa cantidad?. El costo de un automóvil o la cuota inicial de una casa (hablando en pesos colombianos).

¿Cuánto crece de la tercera fila a la cuarta?. Si multiplicamos \(16.711.680 \times 256 = 4.278.190.080\). La cuarta fila se lee como cuatro mil doscientos setenta y ocho millones ciento noventa mil ochenta. Podemos ver que entre fila y fila, el total de granos aumenta, siempre, 256.

La primera fila maneja números de un dígito: 1, 2, 4; cifras de dos dígitos: 16, 32; y cifras de tres dígitos: 128. Su total, que es 255 es también de tres dígitos. La segunda fila posee número de tres, cuatro y cinco cifras. La tercera y cuarta fila llega hasta los 8 y 10 dígitos. Los millones y los miles de millones. En tan solo la mitad del tablero hemos realizado un salto abismal y vemos que cada fila es mucho más grande que la que la precede. Conforme avanzamos en nuestro tablero de ajedrez, las cantidades se hacen menos comunes. Rara vez hablamos o hacemos cuentas con miles de millones3.

Las últimas filas las resumiré en las siguientes tablas:

Fila 5
4.294.967.296
8.589.934.592
17.179.869.184
34.359.738.368
68.719.476.736
137.438.953.472
274.877.906.944
549.755.813.888
Fila 6
1.099.511.627.776
2.199.023.255.552
4.398.046.511.104
8.796.093.022.208
17.592.186.044.416
35.184.372.088.832
70.368.744.177.664
140.737.488.355.328
Fila 7
281.474.976.710.656
562.949.953.421.312
1.125.899.906.842.624
2.251.799.813.685.248
4.503.599.627.370.496
9.007.199.254.740.992
18.014.398.509.481.984
36.028.797.018.963.968
Fila 8
72.057.594.037.927.936
144.115.188.075.855.872
288.230.376.151.711.744
576.460.752.303.423.488
1.152.921.504.606.846.976
2.305.843.009.213.693.952
4.611.686.018.427.387.904
9.223.372.036.854.775.808

Y sus resultados los vemos en esta tabla resumen:

5     1.095.216.660.480         
6     280.375.465.082.880       
7     71.776.119.061.217.280    
8     18.374.686.479.671.623.680

La casilla número 64 hospeda un número de 19 dígitos: \(9.223.372.036.854.775.808\). El resultado de la octava y última fila es de 20 dígitos: \(18.374.686.479.671.623.680\). Son números muy grandes que escapan a nuestra imaginación.

El total de granos para todas las casillas del tablero es de \(18.446.744.073.709.551.615\). No hay duda de que es un gran número. Yo, sin embargo, no podría sacar las conclusiones de los algebristas del rey con tan solo verlo. Parece una tarea para matemáticos más competentes.

Hay una forma más simple de obtener el resultado de cada cuadro del tablero. Si enumeramos cada casilla empezando por el número \(1\) (la casilla superior izquierda) hasta la número \(64\) (la casilla inferior derecha), encontramos una forma de hacer el cálculo en función de ese número.

2020-06-16_07-17-25_chess8x8_numbered.svg.png

En matemáticas es muy común darle nombres a los números. Llamemos \(n\) al número que indica la casilla, como vemos en la imagen. Sabemos ya que la primera contiene un único grano. Si elevamos el número \(2\) a la potencia \(0\) nos da \(1\), es decir: \(2^0 = 1\). ¿De dónde salió ese cero?, lo podemos obtener así: \(2 ^{n - 1} = 2 ^ {1 - 1} = 2^0 = 1\). La segunda casilla tiene \(n = 2\), por tanto \(2^{2-1} = 2^1 = 2\). La tercera casilla (\(n=3\)) es \(2^{3-1} = 2^2 = 4\). Hasta ahora cuadra muy bien. La octava casilla nos da \(2^{8-1} = 2^7 = 128\). La casilla número 64 es igual a \(2^{63} = 9.223.372.036.854.775.808\).

Veamos por qué la potenciación nos da el resultado correcto: Recordemos que en cada casilla sucesiva se dobla el resultado de la anterior. La segunda casilla es el resultado de doblar la primera, la tercera es el resultado de doblar la segunda y así sucesivamente. Cada casilla termina siendo el resultado de doblar una o varias veces el primer grano.

La casilla 2: \(1 \times 2 = 2^1 = 2\). La casilla 3 es \(1 \times 2 \times 2 = 2 \times 2 = 2^2 = 4\). La casilla número cuatro es igual a \(1 \times 2 \times 2 \times 2 = 2 \times 2 \times 2 = 2^3 = 8\). La octava posición del tablero es el resultado de doblar 7 veces el primer grano de trigo: \(1 \times 2 \times 2 \times 2 \times 2 \times 2 \times 2 \times 2 = 2^7 = 128\).

Si el brahmán hubiese pedido que los granos en cada posición del tablero se triplicaran respecto al anterior, no usaríamos el 2 como base de la potenciación sino el número 3. La potenciación es una forma mucho más conveniente y resumida de hacer los cálculos.

La matemática nos permite obtener una expresión mucho más compacta no solo para saber la cantidad de granos de cada posición en el tablero, sino también la suma total de granos hasta una posición en el tablero. Veamos cuál es:4, 5

\[S_n = 2^{n+1} - 1\]

Podemos aplicar esta ecuación con \(n = 63\) para calcular el total de granos así: \(2^{63 + 1} - 1 = 2^{64} - 1 = 18.446.744.073.709.551.615\). Esta fórmula generalizada serviría para tableros que sean tan grandes como queramos siempre que sigan la misma regla de duplicarse en cada paso.

Volvamos nuevamente a nuestra dificultad de lidiar con números grandes. ¿Qué diferencia hay entre 5 y 40?. Lo podemos entender porque son cantidades familiares para nosotros. Por ejemplo, podemos pensar en dos personas, de 5 y 40 años respectivamente. Es fácil hacerse una idea de cuánto tiempo ha transcurrido. Es lo mismo que comparar una pena de prisión de 1 año con una de 20 años. Entendemos, más o menos, la diferencia. ¿Y si habláramos de un siglo, que corresponde a 100 años?. Sabemos que la esperanza de vida de las personas se ha acercado considerablemente a un siglo. Hay, incluso, personas que viven más que esa cantidad. Pensemos ahora en un milenio. Se hace más difícil de imaginar, más sin embargo, tenemos una idea de acontecimientos históricos que ocurren en un periodo de tiempo así.

Aumentemos aún más la escala. Los dinosaurios se extinguieron hace cerca de 66 millones de años. La vida en nuestro planeta apareció hace cerca de 3500 millones de años y nuestro planeta tiene «apenas» 1000 millones de años más que la vida que aloja. Un uno seguido de 9 ceros. Todo nuestro universo tiene cerca de 13800 millones de años. No sabemos qué hay antes de nuestro Universo.

La historia narrada en el libro de Malba Tahan nos permite intuir las dificultades que enfrentamos ante números que están fuera de nuestra experiencia cotidiana. Sabemos que hay personas con fortunas tan grandes que podrían vivir cientos o miles de vidas cómodas con ellas. La fortuna de Jeff Bezos se estima en 140.000 millones de dólares, un enorme número de 12 dígitos. Una persona en Colombia gana hoy en día un mínimo de 877.803 pesos, que vendrían a ser como 230 dólares. En un año equivale a 10.533.636, más una prima que equivale a otro mes y otra prestaciones más. Redondeemos a 12 millones. En 50 años serían 600 millones de pesos aproximadamente. Claro, el salario mínimo aumenta (una miseria) cada año, por lo que será más, pero el costo de vida también suele aumentar, o sea que podemos comprar menos con lo mismo. En dólares, equivale aproximadamente a 160.0006 dólares estadounidenses. Si redondeamos a 200.000 dólares, Jeff Bezos es cerca de setenta mil veces más rico que lo que una persona con salario mínimo colombiano ganará en casi toda su vida. La diferencia es enorme, es más o menos como estar en la 1 casilla del tablero de ajedrez, en comparación a la última casilla de la segunda fila, más no olvidemos que comparamos una riqueza actual de un solo individuo con la que tendrá una persona durante 50 años de vida. Si equiparamos tan solo un año de trabajo, la distancia aumentaría. El tablero de ajedrez se ha transformado en nuestra escala. En el juego del ajedrez un peón tiene un valor de una unidad. La reina, que es la pieza más poderosa en cuanto a movimientos equivale a 10 unidades de valor. El rey se considera más valioso porque con el mero riesgo de captura perdemos el juego. La diferencia entre los más ricos y los más pobres es inimaginable, mucho más que la desigualdad entre la realeza en el ajedrez y un simple peón.

Apliquemos ahora la idea del ajedrez a un caso actual: la COVID-19. La tasa de contagio del virus es de entre 2 y 3 personas. Es un promedio que indica cuántos inviduos aproximadamente contagia alguien que tenga el virus. Habrá quien no contagie a nadie y habrá súpercontagiadores (personas que contagian a muchas). Es un número, que al igual que otros, hay que saber entender porque puede escapar a nuestra inteligencia.

En Colombia, el primer caso se detectó el 6 de marzo de 2020;7 a los pocos días, el 9 de marzo, ya se había detectado 3 casos y para el 13 de marzo contábamos 16 contagiados confirmados en el país. El primero de abril habían 1.065 casos lo que quiere decir que en tan solo un mes los confirmados se multiplicaron por 1.000. Es dar en un mes un salto de la primera fila a la segunda del tablero de ajedrez. El primero de mayo contábamos casi 7.000 casos. En tan solo otro mes los contagios se multiplicaron por 7, o, diciéndolo de una manera equivalente, en dos meses se multiplicaron por 7.000. El 23 de mayo habían poco más de 20.000 casos en el país, y en menos de un mes se había más que duplicado esa cifra. Como pueden ver, el crecimiento es comparable con el de la historia que contamos al principio. La COVID-19 tiene un crecimiento exponencial. Conforme avanza el tiempo, se expande cada vez más rápido. De no tomar medidas, en poco tiempo llegaríamos a números impensables.

Claro está, esa curva de crecimiento es tan solo un modelo matemático que tiene en cuenta el tiempo y la tasa de contagio del coronavirus únicamente. Las medidas de aislamiento y bioseguridad, así como el hecho de que quienes se han recuperado son probablemente inmunes (cuando menos por un tiempo) y las variaciones mismas del virus producto de la evolución hacen que el crecimiento se ralentice y puede llegar a reducirlo. Una eventual vacuna puede erradicar al virus. Del mismo modo, el comportamiento, aunque exponencial, varía de país a país, con casos tan dramáticos como los de España e Italia. En Colombia el comportamiento ha sido atípico en comparación con la región; sin embargo, poco a poco nos estamos poniendo al día, y si un día hay casi 50.000, podemos augurar que en un mes se estarán superando los 100.000. Y, a mayor cantidad de contagiados, tanto más serán los muertos.

Las matemáticas nos deben llevar no al pánico sino a estar alertas. Y sobre todo, nos deben enseñar a no ser ingenuos y a no menospreciar el virus, de la misma forma en que el rey de nuestra historia menospreció el pedido de Lassar. Que no conozcamos a un contagiado no quiere decir que la enfermedad no sea tan delicada como realmente lo es. Significa tan solo que no ha pasado el tiempo suficiente. En Colombia la mayoría de casos se han concentrado en Bogotá, Barranquilla, Cartagena y en el Valle del Cauca. En Pereira, capital de Risaralda hay pocos casos por ahora. Por mera estadística, es poco probable conocer a una persona contagiada, por el momento. No nos confiemos ante la apariencia engañosa de los números.

1 Fórmula para la suma hasta una posición del tablero

En general, sea la siguiente suma, la cual llamaremos progresión geométrica

\[S_n = a^0 + a^1 + \ldots + a^n\]

entonces, multiplicando ambos miembros por \(a\):

\[aS_n = a^1 + a^2 + \ldots + a^{n+1}\]

Si se resta la primera ecuación de la segunda:

\[S_n(1-a) = a^0 - a^{n+1}\]

y despejando,

\[S_n = \frac{a^{n+1} - a^0}{a-1}\],

Para el caso, \(a = 2\) que es el caso de nuestra historia tenemos:

\[S_n = \frac{2^{n+1} - 1}{2-1} = 2^{n+1} - 1\]

Notas al pie:

1

En El Genio de China de Robert K.G. Temple, basado en las investigaciones de Needham se afirma que el ajedrez indio proviene realmente de una variante de un juego relacionado con la adivinación, la astrología y el magnetismo originado en China. Sin embargo, el origen en la India sigue siendo la versión más aceptada.

2

En la India perdura un sistema de estratificación social basado en castas, comparable a las clases sociales aunque determinado al nacer. Los brāhmanas son la casta superior y la conformaban sacerdotes y asesores del rey.

3

Hablar de cantidades tan grandes me recuerda el vídeo Carl Sagan hablando sobre el googol y el googleplex. https://www.youtube.com/watch?v=97CWXZa66C4

4

Gracias a Jaime Hernández Gutiérrez por esta parte.

5

Quien esté interesado en conocer la demostración, puede ver la sección al final de este artículo.

6

La tasa de cambio entre divisas cambia casi todos los días. Estas son cifras aproximadas a junio de 2020.

Hacia una ciencia abierta y una cultura libre

La situación que atraviesa el mundo ha agudizado las contradicciones sociales que normalmente se encuentran atenuadas, localizadas o pasan desapercibidas. Quienes viven al día no pueden salir a cubrir sus necesidades mínimas. Aquellos que poseían un trabajo estable están al borde del desempleo por el paro en la producción y el eventual cierre de empresas. Mucha gente ha tenido que cerrar sus negocios y entregar los locales al no percibir ingresos para el pago de arriendo y servicios y ante la incertidumbre económica que se avecina.

Al momento de escribir este párrafo, [Estados Unidos es el país con mayor cantidad de casos en el mundo] de COVID-19, seguido por España y luego Italia, que a pesar de estar en el tercer lugar en número de casos, ha ocupado el primer lugar en número de muertos hasta que fue superado por EEUU recientemente. Colombia se encuentra muy abajo en la tabla, con poco más de 2.700 casos y «tan solo» 100 fallecidos. Sin embargo, las medidas de cuarentena tomadas inicialmente se han extendido por dos semanas más porque la pandemia está lejos de estar controlada. El estado colombiano cuenta con muy poca capacidad para realizar pruebas por lo que los números no deben ser muy confiables.


La `COVID-19' es una enfermedad que ocasiona complicaciones respiratorias que pueden ocasionar la muerte si no se reciben cuidados
complementarios. Los ancianos y las personas con condiciones previas como diabetes e hipertensión son los más vulnerables. Los pacientes más críticos requieren respiración asistida, lo que transforma los respiradores mecánicos en un recurso escaso ante un virus con tal capacidad de contagio.

«La vida es sagrada», afirman los que se autodenominan «provida», como Trump, Bolsonaro o Duque, actual mandatario de Colombia; [si hablamos del aborto, por supuesto]. El derecho a la vida es supuestamente un derecho fundamental y es tan primario que sin él no tiene sentido hablar de *otros* derechos. A pesar de ello, varios mandatarios han retrasado la respuesta a la pandemia por los efectos que parar tiene en la economía. Al final no ha servido de nada, porque las medidas drásticas han probado ser eventualmente necesarias. La única forma de reducir la cantidad de muertos y de no colapsar los sistemas de salud es reduciendo la velocidad de propagación, en espera de una vacuna.


Llama la atención que se sigue colocando en una balanza la vida, de un lado, y los intereses económicos, en el otro. ¿No son la vida y la salud derechos fundamentales?. Los países latinoamericanos contaron con ventaja para afrontar la crisis sanitaria que se venía y no obstante tardaron mucho en asumir las medidas necesarias, afirmando que la economía no puede parar así como así. Realizaron un tanteo en espera de ver cómo avanzaba la pandemia y cada día tardío resultó, o resultará, seguramente, en muchos decesos, sobre todo en países con sistemas de salud tan paupérrimos como el nuestro.

Mi intención en este artículo es centrarme en otra situación que ha venido ocurriendo. Miles de personas alrededor del mundo han respondido al llamado a aportar de alguna forma su conocimiento y su trabajo a la crisis. Bien sabemos que los trabajadores de la salud, los campesinos, el personal de farmacias y todos quienes hacen parte de la cadena de suministros básicos, de servicios públicos, entre otros, continúan trabajando. Es casi una obligación de parte de los estados mantener estos sectores funcionando. A ellos se han sumado profesores y estudiantes de universidades públicas quienes han querido aportar construyendo equipos médicos de bajo costo, o partes para equipos médicos que no son fáciles de conseguir. En la Universidad Tecnológica de Pereira encontramos un caso en que «unas 15 personas entre docentes y egresados…crearon un prototipo de respirador mecánico debido a la emergencia sanitaria originada por [la] COVID-19». En la Universidad Nacional [hicieron lo propio], construyendo respiradores para pacientes con coronavirus.

Alrededor del mundo comunidades de makers, que en español vendría a ser algo así como creadores o hacedores, se han organizado en torno a la emergencia. Hablamos de ingenieros, programadores, expertos en electrónica, ingenieros mecánicos, médicos, físicos, etc., quienes se unen con el objetivo de apoyar en la contención del virus. Igualmente, individuos y organizaciones con impresoras 3D han ofrecido sus servicios para construir partes de suministros y equipos médicos sin costo alguno. Existen [proyectos] para diseñar ventiladores de «código abierto», entre muchos otros dispositivos que pueden ser de utilidad para enfrentar la enfermedad.

A todas estas personas las impulsa la idea de ayudar. Aunque no sean conscientes de ello, comparten el espíritu de movimientos
anteriores. Los diseños que han realizado para los respiradores los han liberado como «hardware libre». Cualquier persona puede descargar el diseño e implementarlo ella misma si tiene el conocimiento y los recursos necesarios. No solo eso, cualquier persona puede mejorar el diseño y compartir los cambios con la comunidad. Esa filosofía no nació con el hardware, fue planteada por primera vez en la década de 1980 por [Richard Stallman], un hacker del MIT, quien consideró injusto no poder arreglar él mismo una pieza de software que requería la impresora del laboratorio en el que trabajaba.

Todos hemos usado alguna vez software privativo. Ese el nombre que en la comunidad de /software libre/ damos a todos esos programas que limitan e irrespetan a sus usuarios. Muchas veces no nos damos cuenta, como al usar `Gmail'. Es erróneo llamar a este cliente de correo (o a`Yahoo Mail', o casi cualquier otro que usen) una página web, porque no lo es. Es una aplicación web tan compleja (o más) que una de escritorio. Les aseguro que es más compleja que el bloc de notas. `Gmail' es software privativo y para poder usarlo hay que aceptar
un acuerdo de usuario final (EULA se refiere a: End User License Agreement) en el que se especifican las reglas del su uso.

[`Google' enumera en qué países se pueden usar sus aplicaciones.] Vemos a Irán, Cuba, Siria y China. En Cuba el acceso se encuentra restringido por el bloqueo económico y político que EEUU impuso sobre la isla. En China el bloqueo se debe al propio estado, en su afán de que sus ciudadanos usen los servicios nacionales sobre los que pueden ejercer un mayor control y una mayor vigilancia, a la vez que reducen los riesgos de que su informática sea controlada por potencias imperialistas rivales.

`Google' ofrece en su sistema de correo electrónico más de 15 Gb de almacenamiento, en los que caben cerca de [2550 millones de palabras], miles de canciones en formato `mp3', y varias películas en muy buena calidad. Y eso es lo que hacemos casi todos los días con nuestro correo electrónico; entregarle información que va a parar a los servidores de esta transnacional.

Su gran negocio es la publicidad. De allí provienen la mayor parte de sus ingresos. Junto al buscador, que ha ingresado a nuestra cultura con palabras como «guglear» y al servicio de correo electrónico, `Google' adquirió y desarrolló `Android', el sistema operativo para dispositivos móviles que está en los bolsillos de la mayoría de la gente del mundo. Tienen servicios de almacenamiento de archivos (drive), fotos (photos), mapas (google maps), suite ofimática (reemplazando a Microsoft Office por versiones en linea), traducción automática entre lenguajes, divisiones de inteligencia artificial (aprendizaje de máquina, síntesis de voz, procesamiento de lenguaje natural, etc.), alquilan
infraestructura para internet (computación en la nube), computación cuántica (el potencial futuro de la computación), proveen internet a
través de fibra óptica, videojuegos (Stadia) y un largo etcétera. De hecho, hace años apareció [`Alphabet'], un conglomerado de subsidiaras
de las que `Google' es uno más. Han crecido tanto que tuvieron que dividirse y organizarse de esa manera.

Semejante crecimiento no ha estado exento de controversia. En diversas ocasiones han sido investigados por [prácticas monopólicas]. Son todo un caso de estudio en economía capitalista: integración vertical, horizontal, [guerras de patentes], concentración de capital,
etc. Empresas como `Google' compran a cuanta empresa pequeña tenga tecnología que pueda servirles en sus productos, o para obtener patentes que sirvan a sus intereses. El sueño de muchos «emprendedores» de países opresores es que su idea de negocio aparezca bajo el radar de alguna de las grandes empresas tecnológicas para venderlas por sumas multillonarias.

No quiero que el lector piense que este escrito es una diatriba contra `Google'. Lo cierto es que sus competidores hacen lo mismo. `Facebook', `Apple', `Amazon', `Microsoft', `Oracle'. Esas son las reglas del juego de nuestra economía y las grandes transnacionales tecnológicas son actores que ejecutan muy bien su papel.


La informática es el procesamiento automático de información por medio de computadoras. Un editor de imágenes como los que usan los diseñadores gráficos representan las imágenes como un conjunto de números (tanto de rojo, tanto de verde y tanto de amarillo, como cuando mezclamos colores para crear otros). Al usar el editor podemos transformar esos números en otros, convirtiendo de esa forma la imagen original un una diferente. Ese procesamiento es útil para alguien. En la era previa a la masificación de internet, cuando no existían aplicaciones web, la informática la realizaba el computador de cada persona. Instalábamos y ejecutábamos programas que hacían nuestra «informática» sin enviar nuestros datos a internet.

Las cosas han cambiado mucho desde aquel entonces. Hoy en día, las grandes empresas de tecnología promueven la computación en la nube. El término nube es una forma muy conveniente de esconder qué hay tras el «módem» que nuestro proveedor de internet nos instala. `Google' no posee infraestructura instalada en Colombia. El país más cercano en el que tienen oficinas con desarrollo de tecnología es Brasil. Los grandes tendidos de fibra óptica interoceánica que comunican este continente con el resto del mundo tampoco salen de Colombia. La gran mayoría de nuestra informática atraviesa Estados Unidos. La /nube/ no está uniformemente distribuida; tiene focos de concentración.



Esa concentración se relaciona directamente con la concentración de poder económico y político. La cantidad de cables de fibra óptica bajo
el mar pueden tomarse como un indicador de bienestar social, como lo podemos ver en un África subsahariana sin casi lineas de fibra entrando o saliendo de él.

Hace años apareció la noticia del espionaje masivo que realiza Estados Unidos, no solo sobre sus ciudadanos, sino sobre ciudadanos del mundo entero. Lo lograron por esta concentración tecnológica y científica con la que cuentan. Todas las grandes empresas norteamericanas se vieron envueltas en el escándalo.

Cuando no tenemos control sobre nuestra informática, le estamos entregando un enorme poder a quien la realiza por nosotros. Lo que ha
probado la historia hasta el día de hoy es que los estados y las empresas abusarán de ese poder. El software privativo y la computación en la nube hacen parte del mecanismo para ejercer ese poder a cambio, a cambio de una relativa comodidad a la hora de utilizar software.

¿Qué es el software libre?. Las licencias privativas restringen. Las licencias libres usan los derechos de autor con el fin contrario, permitir en lugar de prohibir. Es un software que garantiza [cuatro libertades] esenciales:

• La libertad de ejecutar el programa como lo desee, con cualquier propósito (libertad 0).
• La libertad de estudiar el funcionamiento del programa y modificarlo de modo que realice las tareas como usted desee (libertad 1). El  acceso al código fuente es un prerrequisito para esto.
• La libertad de redistribuir copias para ayudar a los demás (libertad  2).
• La libertad de distribuir copias de sus versiones modificadas a otras personas (libertad 3). Al hacerlo da a toda la comunidad la  oportunidad de beneficiarse de sus cambios. El acceso al código fuente es un prerrequisito para esto.

Las cuatro libertades ocasionaron el surgimiento de comunidades de voluntarios en torno a la creación, al mantenimiento y al mejoramiento
del software libre. No tiene sentido hablar de «ilegalidad» o «piratería» porque reconocemos la importancia de compartir. Parafraseando a Richard Stallman, fundador del movimiento de software libre: si un amigo nos pide una copia de una obra digital, nos enfrentamos a un dilema ético; negársela a nuestro amigo o violar la ley. El menor de los males violar la ley que es injusta.

Con el surgimiento y popularización de internet, el movimiento de software libre se ha venido a ocupar en cuestiones como la privacidad y
la seguridad. Para el movimiento, la computación en la nube es parte del problema. Nos dicen que es software como servicio cuando realmente es un servicio como sustituto de un software que de otro modo ejecutaríamos en nuestra máquina. Es la excusa perfecta para obtener nuestros datos y para tener un control sobre nosotros y sobre lo que hacemos.

Si nos quitamos por un momento el prejuicio de la «propiedad privada» que tan imbuido está en nuestra sociedad, nos daremos cuenta que /copiar/ es una acción necesaria para que la información digital sea útil. Cuando visitamos una página web, lo que hacemos es descargar una copia de todo lo que vemos en nuestra computadora para luego visualizarla en el navegador. Cuando editamos una imagen estamos copiando el contenido desde el disco duro hasta la memoria RAM de nuestras computadoras para editarla desde allí. Lo «antinatural» es prohibir la copia. Las licencias restrictivas sobre trabajos digitales son una limitación artificial de una capacidad innata de la
informática. El objetivo de esa limitación es tratar los programas informáticos como una mercancía más y poder explotarla económicamente.

Las ideas de Stallman se esparcieron por el mundo entero y se adaptaron más allá del software. Al tratar con obras digitales como fotografías, literatura, música, etc. hablamos de /Cultura Libre/. En el mundo del hardware nos encontramos con el hardware libre que es la utilización del «derecho de autor» para permitir, en lugar de prohibir, ciertas cosas sobre los diseños del hardware para que puedan ser compartidos y mejorados.

En el campo de la ciencia, las publicaciones científicas son de la mayor importancia y, sin embargo, nos encontramos con «barreras de pago» para acceder al conocimiento científico. Mucha de esa investigación es financiada con recursos públicos pero los productos finales, incluyendo las publicaciones científicas son apropiadas por privados. Para el caso de los artículos científicos hablamos de las grandes casas editoriales de literatura científica. Que ironía que la gente pague con sus impuestos por esa investigación, y las universidades públicas, posteriormente, pagan una vez más para acceder a las publicaciones. El mayor aporte de las revistas es la revisión por pares suele ser realizada por investigadores *voluntarios* que en muchos casos son empleados de universidades públicas. Es válido preguntarnos: [¿Cuántas veces tiene que pagar la sociedad por el proceso de investigación?]. No olvidemos que la ciencia y la tecnología son un ejercicio colectivo; descansan sobre hombros de gigantes, y solo puede seguir avanzado de esa forma. Más allá del pago de impuestos, la lógica de la ganancia no puede regir sobre esperas como la ciencia, la cultura, el arte, la educación (¿debería regir en algún campo?). Es por ello que muchos científicos e investigadores cuestionan la forma en que funciona este proceso de financiación socializada con apropiación privada. Como respuesta, y haciendo eco de los principios esbozados por la comunidad de software libre, adaptados al problema particular, se empieza a hablar de «acceso abierto» y posteriormente de «ciencia abierta».


Tomemos el ejemplo de unos [creadores italianos] quienes hicieron su aporte a la crisis de su país construyendo respiradores bajo licencias libres. No hay duda de que estaban haciendo lo correcto; actuaban por el bien común. Sin embargo, tienen el temor de ser demandados por los dueños de los diseños de algunas de las partes que utilizaron, las cuales están protegidas por patentes, otro mecanismo cubierto bajo el paraguas de «propiedad intelectual», junto a los derechos de autor, usados para limitar el acceso a los productos de la ciencia y la tecnología.

¿No le parece absurdo al lector que unos bienhechores teman por consecuencias legales en medio de una pandemia?. Las crisis mundiales son periódicas, más no son constantes. Sin embargo, existen regiones del planeta, las más pobres, que llevan siglos en crisis. Mueren por falta de agua, por hambrunas, por condiciones sanitarias que reducen la esperanza de vida. Mueren por enfermedades que tienen cura o tratamiento, por las cuales una persona de los llamados «países desarrollados» difícilmente moriría. La cura está, pero el derecho a la propiedad, que debería llamarse más bien, el derecho a la acumulación, está por encima de la vida y de la salud. Las patentes evitan que muchos de estos problemas se puedan combatir como es debido. Las soluciones están, o cuando menos, los recursos y  esfuerzos para encontrarlas sobran. Las relaciones sociales, económicas y políticas las limitan y evitan que se apliquen. Es justo rebelarse contra estas injusticias, como lo han hecho mujeres como [Alexandra Elbakyan] quien inició `Sci-hub', un repositorio de artículos académicos «ilegales» y quien se encuentra actualmente refugiada en Rusia por su «crimen». ¿Cuál es el verdadero crimen?.


El llamado es a una ciencia abierta, pero sobre todo, a una ciencia para el pueblo que no puede más que ser una ciencia con el pueblo. Debemos ocuparnos de los problemas que acucian a la humanidad. Lo que evidencia el caso como el italiano, o el de las universidades colombianas en medio de la crisis es que el potencial está allí. Me imagino esta misma fuerza de creadores, una fuerza creadora al servicio del pueblo, de los problemas que más afectan a la gente, y un estado que lo posibilite, como es debido. Y más allá, una sociedad realmente apropiada de la ciencia y de la tecnología en todos los niveles, es decir, una verdadera socialización de la ciencia.

El virus se convirtió en el catalizador de una crisis económica. Si dejamos de fijarnos por un momento en el tipo de economía al que estamos acostumbrados y fijamos nuestra atención hacia otro lado, empezamos a ver las semillas con un enorme potencial que encarnan un verdadero progreso social.

[Estados Unidos es el país con mayor cantidad de casos en el mundo]
<https://www.bbc.com/mundo/noticias-51705060>

[si hablamos del aborto, por supuesto]
<https://www.semana.com/nacion/articulo/presidente-ivan-duque-sobre-aborto-soy-provida-y-moverse-de-las-tres-causales-seria-muy-duro-para-colombia/652622>

[hicieron lo propio]
<https://www.lafm.com.co/educacion/u-nacional-crea-respiradores-mecanicos-para-pacientes-con-coronavirus>

[proyectos] <https://opensource.com/article/20/3/open-hardware-covid19>

[Richard Stallman] <https://es.wikipedia.org/wiki/Richard_Stallman>

[`Google' enumera en qué países se pueden usar sus aplicaciones.]
<https://support.google.com/a/answer/2891389?hl=es>

[2550 millones de palabras]
<https://es.quora.com/Cu%C3%A1ntas-palabras-se-pueden-escribir-en-1-GB>

[`Alphabet'] <https://es.wikipedia.org/wiki/Alphabet_Inc.>

[prácticas monopólicas]
<https://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/04/150415_union_europea_presenta_demanda_contra_google_practicas_monopolio_lv>

[guerras de patentes]
<https://www.abc.es/tecnologia/noticias/20151002/abci-google-microsoft-guerra-patentes-201510020941.html>

[cuatro libertades] <https://www.gnu.org/home.es.html>

[¿Cuántas veces tiene que pagar la sociedad por el proceso de
investigación?]
<https://www.nytimes.com/2012/01/11/opinion/research-bought-then-paid-for.html?_r=1>

[/creadores/ italianos]
<https://www.xataka.com/medicina-y-salud/makers-e-impresoras-3d-coronavirus-italia-estan-usando-valvulas-impresas-3d-para-respiradores-open-source>

[Alexandra Elbakyan] <https://es.wikipedia.org/wiki/Sci-hub>

Las fake news y la pandemia

Todos los sucesos modernos se ven permeados de una u otra forma por las redes sociales y el internet. La pandemia por la que atravesamos y la crisis venidera no es la excepción.

Es así como cada día circula una cantidad innumerable de [des]información por las redes en forma de publicaciones de Facebook, tweets, imágenes, vídeos, audios de whatsapp y textos. Lamentablemente, una buena parte es información falsa o parcialmente falsa. A veces consideramos que el desconocimiento de la realidad objetiva es inofensivo, como cuando hablamos de las creencias idealistas individuales. Yo, sin embargo, considero que las creencias irracionales, así como el pensamiento idealista en general, tienen consecuencias negativas que por lo general no se aprecian de manera directa o al corto plazo.

La imposición de los dogmas religiosos a los seres humanos desde niños cierra sus mentes al cuestionamiento, a la curiosidad y al pensamiento crítico. No hay nada que hacer, cuanta más fe «ciega» tenga una persona, menos abierta estará a aceptar la evidencia que rechace sus creencias. Quienes creen lo hacen «a pesar de» el cúmulo de evidencias en su contra, como lo vemos en el caso de la ciencia de la evolución. Las consecuencias de esa imposición ideológica a los niños solo se verá durante su etapa adulta.

El nuevo coronavirus llamado COVID-19 es muy contagioso. Los expertos recomiendan el aislamiento social y un régimen muy estricto de lavado de manos, junto a otras medidas. Sin embargo, se han visto casos en el mundo de pastores que llaman a sus «fieles» a violar las cuarentenas para asistir a los cultos. Y es que si creo ciegamente en mi dios o en mi religión, y le atribuyo características sobrenaturales, pues creeré también que me puede curar o proteger de esta enfermedad. Si no lo creo, estaré dudando, y las dudas no son bien recibidas dentro de estas ideologías.

Las religiones no son la única traba a tomar medidas efectivas en una crisis como esta. Dentro de las cadenas de Whatsapp que circulan todos los días aparecen numerosas curas, algunas, totalmente absurdas, y otras sin ninguna evidencia. He escuchado en los grupos familiares del bicarbonato, el cloro, el vodka (porque tiene alcohol) y recientemente escuché de la hidroxicloroquina (un medicamento contra la malaria) y la azitromicina (un antibiótico que me han recetado contra la amigdalitis).

Y resulta que esta última combinación está siendo probada por la comunidad científica y ha mostrado resultados prometedores. Sin embargo, su uso no ha sido aprobado. Algo que los lectores deben recordar en todo momento es que todo tratamiento médico está compuesto de unos medicamentos y unas dosis espaciadas por una determinada cantidad de horas. Algunas veces me han mandado a tomar dos pastas de acetaminofen cada 6 horas, otras veces tan solo una cada 8. La gente olvida que todo eso depende de la enfermedad que tengamos y solamente un médico puede determinarlo.

Con esas cadenas no faltará la persona que se sienta enferma y decida comprar azitromicina en su farmacia más cercana. Y ha pasado; la BBC reporta que una persona murió por consumir un producto de limpieza de piscinas que contiene el mismo compuesto activo que la hidroxicloroquina.

Según la Cruz Roja, las noticias falsas tienen un impacto negativo en la velocidad de reacción frente al coronavirus, lo cual es muy preocupante teniendo en cuenta que no existe una vacuna, y la única forma en que los sistemas sanitarios del mundo podrán atender la emergencia es ralentizando el avance de la enfermedad. La vacuna quizá venga a mediados del 2021, y la sociedad adquiere lentamente inmunidad al virus (aunque no sabemos aún cuánto tiempo dura dicha inmunidad). Si se expande con demasiada rapidez, muchas personas estarán en riesgo de morir.

Pero creo que la discusión va más allá: la necesidad de pensamiento crítico que se evidencia en momentos como este, y en los discursos educativos, choca contra ciertos valores de la sociedad capitalista moderna. Miremos nada más el caso de la publicidad. La publicidad busca muchas veces todo lo opuesto de la verdad. En algunas ocasiones, las compañías invierten enormes recursos para esconder la verdad cuando no le conviene a su negocio y por sobre la salud y el bienestar humano. Aquí en Colombia han llegado a censurar publicidad que cuestiona el impacto del azúcar en la salud porque afecta los intereses de las empresas de gaseosas.

¿Cómo promover el pensamiento crítico y a la vez continuar con una sociedad de consumo?. Las compañías piensan continuamente en cómo producir más y más mercancías y servicios, a la vez que promueven el consumo de los mismos. Hablamos de un proceso no planificado. Esa es la contradicción. La sociedad moderna es un caldo de cultivo para las «fake news». Tenemos ciudadanos no educados, por un lado, y la capacidad tecnológica de crear contenidos y propagarlos por el mundo con gran facilidad, todo esto junto a una forma de organización social que en su núcleo necesita de gente ignorante en las cuestiones más básicas de la ciencia para poder sostenerse y subsistir.

Tanta es la preocupación reciente frente a las «fake news» que plataformas digitales como Google o Facebook han tenido que implementar medidas para controlar las noticias falsas. No solo lo hacen por el coronavirus sino que lo han venido planteando e implementando desde que se demostró el impacto que pueden tener en las elecciones democráticas, sobre todo en países desarrollados. Sin embargo, plataformas como Whatsapp no pueden regularse porque el contenido se envía cifrado desde un extremo al otro, lo que quiere decir que la compañía no puede acceder fácilmente al contenido sin recurrir a prácticas cuestionables o ilegales y sin que su imagen se vea afectada por ello.

Necesitamos asumir una actitud más científica, si, pero por sobre todo, necesitamos una sociedad más científica.

CORRIENTE PROGRESISTA DE INTELECTUALES

EJE CAFETERO

Imagen: pixabay

“Laissez-faire” a la peste

Don Benja es un señor muy mayor que vive solitario por temporadas en su pequeña cabaña de barro y guadua de un resguardo indígena clavado entre las montañas. Apenas cursó pocos años de primaria, pero es un hombre sabio, dueño del conocimiento que le legaron la vida y sus luchas continuas. Es, sobre todo, un hombre comprometido, que sigue luchando por los derechos de su pueblo, que sigue enseñando a luchar a los jóvenes. Lo recuerdo en estos días en que los ancianos se han convertido en las principales víctimas del virus que se propaga con la velocidad frenética de las ofertas comerciales y los vuelos transplanetarios, como si los ancianos pobres de mi país no fueran ya las primeras víctimas de otra epidemia de abandono, miseria e inexistencia total de servicios sociales, el legado de tres décadas de neoliberalismo furioso.

Y entonces repaso algunos de los titulares de los últimos días: “Israel anuncia que sacará a ancianos de hospitales para dejar sitio a infectados con COVID” anota La Vanguardia. “Italia: confirman las declaraciones de un médico sobre la masacre de ancianos” dice El Clarín. “El horror que se vive en algunas residencias de ancianos de España por la crisis del COVID-19” titula luego la BBC. ¿Merece existir un orden social que sacrifica y desecha a los más viejos, con todo lo que significan, con todo lo que representan?

Hay un hilo conductor entre la política (neo) liberal, el control demográfico y la eugenesia social, un discurso que ha experimentado un repentino y epidémico brote casi al mismo tiempo que el COVID-19. Ese hilo común es el “dejar hacer, dejar pasar”, la fórmula elegida por los poderes mundiales hace ya cuatro décadas para superar la crisis de acumulación del capital y, de paso, la debacle social que la acompaña, especialmente en el tercer mundo. Aunque la fórmula se aplica principalmente a la no intervención del Estado en la economía y proviene del siglo XVIII, su influencia se extiende hasta nuestros días y se expresa en todas las esferas de la vida social.

Robert Malthus fue un influyente pensador inglés de principios del siglo XIX. En su libro “Ensayo sobre el principio de la población”, Malthus esbozó métodos brutales y muy crueles de control demográfico, en un lenguaje desparpajado que parece evocar al de políticos como Donald Trump o Jair Bolsonaro. Aunque era clérigo, no lo motivaba la preocupación por el prójimo, sino los intereses de su propia clase que sentía amenazada su riqueza ante el explosivo crecimiento de los trabajadores. Explícitamente planteaba:

“El hambre parece ser el último y el más terrible recurso de la naturaleza. La fuerza de crecimiento de la población es tan superior a la capacidad de la tierra de producir el alimento que necesita el hombre para subsistir, que la muerte prematura en una u otra forma debe necesariamente visitar a la raza humana. Los vicios humanos son agentes activos y eficaces de despoblación. Son la vanguardia del gran ejército de destrucción; y muchas veces ellos solos terminan esta horrible tarea. Pero si fracasan en su labor exterminadora, son las enfermedades, las epidemias y la pestilencia quienes avanzan en terrorífica formación segando miles y aún decenas de miles de vidas humanas. Si el éxito no es aún completo, queda todavía en la retaguardia como reserva el hambre: ese gigante ineludible que de un solo golpe nivela la población con la capacidad alimenticia del mundo” (1).

Desde aquellos tiempos, las guerras, el hambre y las pestes han estado cumpliendo su terrible labor, no siempre con éxito, pues la población no cesa de crecer. Esto, por supuesto, no ha impedido que las ideas de Malthus se reciclen en los trabajos de distintas entidades internacionales, desde Naciones Unidas y el Banco Mundial, hasta el Club de Roma con documentos tan influyentes como “Los límites del crecimiento”, un informe de 1972 que vuelve sobre la vieja idea maltusiana del desfase entre el crecimiento de la población y la limitación de los recursos del planeta, discurso presentado como “científico” para apuntalar programas de control social y demográfico muy regresivos. Aunque ahora no se defienden públicamente soluciones al estilo Malthus, si se aplican políticas de control natal y esterilización forzada en países del tercer mundo, especialmente hacia minorías étnicas, como ha ocurrido en Centroamérica, o como ocurrió en Perú en décadas pasadas.

Políticas de control demográfico fueron, por ejemplo, las que propuso el premier británico Boris Johnson el 12 de marzo, cuando afirmó que era conveniente permitir un contagio controlado de la población, antes de recurrir a medidas más radicales como el aislamiento social, el cierre de fronteras o la paralización de la economía. Incluso, su asesor científico sir Patrick Vallance, sugirió que parte de la estrategia consistiría en gestionar el contagio de la infección para hacer inmune a la población. La llamada “inmunidad del rebaño” permitiría que el 80% de la población se contagie para crear una autoinmunidad que supuestamente iba a proteger al 20% más vulnerable. Pero los expertos de la OMS consideran que este experimento de no intervencionismo se traduciría en unos 510.000 muertos sólo en el Reino Unido (2).

El gobierno norteamericano ha seguido una estrategia muy similar. Se ha negado a trazar una política unificada en todo el país, dejando que cada Estado actúe por su cuenta. Incluso, después de haber ordenado el aislamiento de las ciudades más afectadas, Donald Trump declaró que “el remedio no puede ser peor que la enfermedad” y que pronto relajaría las medidas, en una clara defensa de los negocios por encima de la vida de las personas. El vicegobernador de Texas, Dan Patrick -republicano acérrimo- lo dijo más claro: “como adulto mayor, estoy dispuesto a arriesgar la vida a cambio de mantener el Estados Unidos en el que yo crecí… sí ese es el intercambio, yo estoy dispuesto" (3).

En la misma tónica anticientífica, se está dejando avanzar a la epidemia en países como Brasil, Suecia o Bielorusia. Así, Bolsonaro minimizó la enfermedad llamándola una “gripiña”, S. Loften le dijo al pueblo que “había que sacrificarse” por la economía y el autoritario Lukashenko afirmó que “estas cosas pasan”, negándose a tomar medidas efectivas. Esto implica no solo “dejar hacer” al virus y “dejar pasar” la pandemia en aras de salvar la economía, sino cobrar la vida de millones de personas por todo el mundo. ¿Qué ideologías fomentan una infamia tan grande?

Francis Galton, primo de Charles Darwin y padre de la teoría eugenésica, propuso a mediados del siglo XIX la mejora de los rasgos hereditarios mediante diversas formas de selección humana. Buscando garantizar la continuidad de los más fuertes, sanos e inteligentes (según criterios muy sesgados), Galton defendió la no reproducción y hasta la muerte de personas que no encajaban en dichos estereotipos. Según su lógica, proteger a los minusválidos, los enfermos o los tarados, era ir contra la ley natural de la “supervivencia del más apto”, fomentando la continuidad de las enfermedades y llevando a la decadencia de “la especie”. Por eso se opuso al tratamiento de estos enfermos dejando que la “ley natural” de la enfermedad los eliminara, considerando esto como un “ahorro” de recursos para el Estado y la sociedad. El reverso de la eugenesia derivó, es bien sabido, hacia los campos de exterminio masivo de los nazis.

Los sistemas de asistencia social y de aseguramiento en salud cumplen precisamente la función de prolongar la vida de la gente y hacerla más llevadera. En parte, gracias a ellos, se ha logrado una esperanza de vida de 72 años en promedio mundial, cifra que para mediados del siglo pasado llegaba apenas a los 50 años. Está claro que la pandemia de coronavirus atacará con más fuerza a las masas urbanas y especialmente a mayores de edad, enfermos crónicos, inmigrantes, desplazados, desempleados, habitantes de calle y adictos a las drogas. Esta es la población que políticos de derecha como Nicolás Zarkozy llamaron “la racaille”, la escoria, al igual que Trump cataloga a los inmigrantes de “plaga” y Bolsonaro de “peste” a los delincuentes.

De modo que siguiendo aquel concejo de W. Churchill de “nunca desaprovechar una buena crisis”, estos políticos de la derecha están aprovechando la pandemia para aplicar un programa eugenésico de dimensiones planetarias. Regidos por su fanatismo político y religioso, consideran que es el momento de deshacerse de millones de personas por improductivas, que son una onerosa “carga” para el Estado. La “masacre de ancianos” de la que se hablaba hace unas semanas en Italia, será en los hechos un fabuloso incremento en la rentabilidad de los fondos privados de pensiones. Incluso atacan a aquellos trabajadores productivos como los inmigrantes, considerándolos “parásitos”, al estilo de una perversa película coreana, invirtiendo completamente la realidad de quién alimenta a quién en esta sociedad. Este odio y desprecio se extiende a las minorías nacionales de afroamericanos, amerindios, asiáticos, gitanos, considerados ciudadanos de tercera clase, vidas que no valen, gente que no duele, carne de cañón para las guerras, las fábricas o los prostíbulos. Desde hace siglos se experimenta con ellas y se les somete a exterminio.

Aunque en apariencia el virus no diferencia clases sociales, en realidad veremos que cuando se complete el ciclo del desastre y aparezcan las grandes estadísticas, el pueblo será quién ponga la mayoría de los muertos. En parte porque el acceso a los sistemas de salud y a las medidas de prevención del virus como auto aislarse y confinarse también acaban sujetas a condicionamientos de cada clase social. Ahí están la educación, la ciencia, la cultura, la posibilidad de reservar comida para uno o dos meses, el acceso a un grifo con agua potable para lavarse las manos, cuestiones que faltan a media humanidad. Así funciona este sistema en su base, reproduciendo la segregación, la marginación, la opresión, en cada ciclo, en cada crisis, en cada generación.

Adam Smith se hizo célebre al plantear que la búsqueda de los intereses egoístas de los distintos agentes económicos conlleva de manera inconsciente el máximo bienestar social para el conjunto. Adujo que una “mano invisible” –el mercado- conducía todo el proceso hacia sus nobles objetivos. No intervenir, no regular, no colocar barreras; permitir que el mercado se desenvolviera como un orden natural, que se limita y se regula a sí mismo. Pero el discurso del libre mercado esconde la necesidad de rotación del capital, vital para su supervivencia. Sus “nobles objetivos” hoy están a la vista: hambre, pestes, guerras, degradación social, debacle ambiental. La quietud o el enlentecimiento de su incesante ciclo, significan la muerte del capital. No importa que haya que sacrificar a millones para acelerarlo.

¡Dejen pasar a la peste, dejen hacer a la epidemia! El futuro del capital está en juego.

CORRIENTE PROGRESISTA DE INTELECTUALES
EJE CAFETERO

NOTAS.
(1). Malthus, Robert. Primer ensayo sobre la población. Altaya editores, 1993, Barcelona, página 128.
(2). https://www.bbc.com/mundo/noticias-51930745
(3). https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-52043274

Imagen: La ronda de los presos - Vincent Van Gogh (tomada de Wikipedia)

COSMOS, MUNDOS POSIBLES

Tercera temporada.

La famosa frase de Carl Sagan, “no quiero creer, quiero saber”, sintetiza el objetivo trazado por la serie COSMOS iniciada por él mismo en 1980 y continuada por su viuda Anne Druyan en la segunda temporada de 2014. A lo largo de las dos series mencionadas se ha expuesto el avance de la ciencia desde la antigua Grecia hasta nuestros días en dura lucha contra el pensamiento místico, la ignorancia y la superstición. La serie ha educado a cientos de millones de personas en los principios de la ciencia, a lo largo de varias generaciones y en multiplicidad de países, así como su importancia para la supervivencia de la especie y de la vida en el planeta.

Nunca como hoy ha sido tan urgente y necesaria la ciencia para la continuidad de la especie humana. No solo porque se ha incorporado a todo lo largo y todo lo ancho de la vida social, -desde la producción económica, la vida política, la comunicación y la cultura-, sino además y, ante todo, porque sin una clara visión científica de la realidad será imposible superar los grandes problemas que nos amenazan como especie.

Fue precisamente Carl Sagan en 1980, quién alertó al mundo sobre la posibilidad de un calentamiento global debido al “efecto invernadero” provocado por el uso de combustibles fósiles y otro tipo de emisiones humanas de “gases de invernadero”. Hoy es una realidad amenazante reconocida por el pleno de la comunidad científica y que ha generado un poderoso movimiento ambiental global que clama con fuerza por cambios fundamentales en la manera como se produce y se vive, la llamada sociedad del consumo y el desecho. 

También se defendió con gran claridad la ciencia de la evolución, aquella que permite entender la gran diversidad de formas de vida en el planeta y sus distintas formas de adaptación, todas descendientes de una forma primigenia basada en la genética del ADN, diversidad de especies con las cuales compartimos los humanos un origen común. No somos “criaturas especiales” hechas a “imagen y semejanza de dios” como plantean las distintas tradiciones y libros sagrados y no existe tampoco una escalera evolutiva ni un destino manifiesto, solo el azar de la mutación genética y la necesidad de la selección natural actuando al unísono. De esa manera nos ayudó a ubicarnos como especie.

Pero COSMOS también nos ayudó a ubicarnos en el espacio y en el tiempo. Descubrimos a través de sus “historias de viajeros”, que la tierra tiene 4.500 millones de años, que no es el centro del universo y entendimos que nuestra galaxia –la vía láctea- es otra más de las miles de millones de galaxias del universo conocido. Con su épico relato acerca de aquel “punto azul pálido” (https://www.youtube.com/watch?v=898Z8M51Io4), abrió nuestros ojos ante el peligro del fanatismo religioso, la ceguera política o la discriminación de género. Somos una sola especie, dividida sí por abismos terribles de clase, nación y género, pero que clama por su reunificación emancipada. De ahí la intrigante pregunta de Carl a todas las naciones y vertientes políticas de su época: “¿quién habla en nombre de la tierra?”

Ahora enfrentamos la amenaza de una pandemia global y de nuevo afloran las visiones irracionales, los fanatismos políticos, el odio “racial”, la xenofobia. Liderazgos políticos retardatarios aplican programas eugenésicos con su política de “no hacer nada” (la llamada “inmunidad del rebaño”) y el resultado será una gran “limpieza social”: limpieza de ancianos (por “improductivos”), de enfermos crónicos (por ser “una carga para el Estado”), de habitantes de calle (por “desechables”) y de pobres y desamparados (por “potenciales rebeldes”). Pero la ciencia, una vez más la ciencia, clama por aplicar una política sanitaria distinta que salvará a millones de personas por todo el planeta, aunque amenace los intereses de los grandes grupos de capital y los negocios. 

La voz profética de Sagan nos grita desde el otro lado del silencio: ¿quién podrá derrotar los demonios del mundo? ¿quién encenderá una luz en la oscuridad? Esperamos que la nueva serie que se inicia hoy (su tercera temporada), nos permita encender la luz de la razón y de la ciencia entre millones y millones de seres humanos, para enfrentar colectivamente los grandes desafíos y pensando en las nuevas generaciones, de cara al futuro. Los invitamos a COSMOS, mundos posibles.

CORRIENTE PROGRESISTA DE INTELECTUALES.

EJE CAFETERO.