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Sobre el acceso libre al conocimiento científico

Hace algunas semanas conocí una página llamada SciHub, la cual afirma querer "remover todas las barreras en el camino de la ciencia".1 Para dicho cometido, la página permite el acceso a una enorme cantidad de artículos científicos2 que, de otra manera, no podrían accederse a precios muy elevados.

La página es una iniciativa de una mujer llamada Alexandra Elbakyan, quien ha sido llamada por algunos la "Robin Hood de la Ciencia"3. La comparación no es gratuita, teniendo en cuenta que hasta universidades como Harvard y Cornell afirman no tener para pagar los altos precios de subscripción para el acceso a revistas y artículos científicos.4 , 5 Al emprender dicha iniciativa, Elbakyan se ha vuelto blanco de casas editoriales como Elsevier, alegando violaciones al derecho de autor y esperan cerrar el portal que permite el acceso gratuito al conocimiento científico a todo el mundo. En palabras de Elbakyan <<Si Elservier logra cerrar nuestro proyecto o forzar a que vayamos a la red oscura, demostrará una idea importante: que el público no tiene el derecho al conocimiento.>>6 Alexandra Elbakyan se encuentra en alguna parte de Rusia, y está, hasta cierto punto, protegida por el hecho de que no hay acuerdos entre dicho país y Estados Unidos.

Vale la pena analizar varias cosas sobre la acción de Elbakyan. En primer lugar, su iniciativa demuestra que no existen barreras técnicas para facilitar el acceso a cualquier artículo a través de un portal unificado y simple. Para esto, la página se apoya en un proyecto llamado LibGen (Library Genesis) el cual es un motor de búsqueda y repositorio que permite el libre acceso a artículos científicos y libros. Scihub.io busca primero los artículos allí y si no los encuentra los descarga directamente de páginas de editoriales usando credenciales (usuario y contraseña) que académicos entregan al portal de manera anónima para facilitar su funcionamiento. Al descargar un artículo, la plataforma lo sube a LibGen y no necesita continuar dependiendo de dichas credenciales. Vaya forma ingeniosa de resolver un problema con la que ha dado esta mujer.

¿Por qué un académico o un investigador entregaría las credenciales de acceso?. Porque muchos intelectuales no están de acuerdo con la forma en que la ciencia funciona en este sistema y lo hacen como un acto de rebeldía.

La acción de Elbakyan se enmarca dentro de un movimiento más amplio conocido como Acceso Abierto (Open Access). El movimiento de acceso abierto forma parte de un movimiento más amplio conocido como el movimiento de Cultura Libre y busca que todo el material educativo, académico y científico de cualquier tipo sea de acceso inmediato a cualquier persona sin necesidad de registro, suscripción o pago.7 El movimiento de acceso abierto tiene dos vertientes. Una de ellas es legal, es decir, usa las mismas leyes del derecho de autor para otorgar libertades, en lugar de restringirlas. La vertiente de Elbakyan es una vertiente más radical y, dentro del marco del derecho de autor es ilegal. Tanto así que el sitio se define a si mismo como pirata, aunque yo comparto la crítica que hace Richard Stallman a ese término. ¿Es comparable el hecho de compartir una canción, o una película al hecho de saquear barcos?. Al contrario, compartir con alguien que lo necesita debería ser considerado una buena acción.8

Elbakyan ha sido criticada por algunos moderados del movimiento de Acceso Abierto considerando que no se justifica violar la ley en ningún caso. Sin embargo, ella argumenta que eso es pan de cada día en el mundo de la investigación, especialmente para universidades de países del tercer mundo que no pueden costear las costosas suscripciones. Es un hecho que se presenta mucho el que un investigador solicite determinados artículos en foros a personas que tengan acceso gracias a su universidad. ¿Que pasa cuando la ley es injusta?. Muchos movimientos han sido considerados ilegales por el hecho de reclamar cosas que en su momento no se reflejaban en la legislación y, sin embargo, hoy se consideran justas.

Respecto al movimiento de acceso abierto y de cultura libre en general, es necesario realizar una crítica. ¿Es el acceso una condición suficiente para la apropiación y socialización del conocimiento?. A mi parecer, es una condición necesaria y muy importante al apuntar hacia el concepto de propiedad privada, pero dista mucho de ser suficiente. ¿Qué pasa cuando los artículos descargados se encuentran en idiomas que no se manejan?. ¿Qué pasa cuando una persona no tiene el conocimiento suficiente para comprender un artículo por falencias educativas?. ¿Qué pasa cuando ni siquiera se sabe leer, o cuando no se reconoce la importancia de la educación para comprender el mundo?. Nada de esto es solucionado por el mero acceso.

Notas al pie:

1

La idea es interesante, pero es más correcto afirmar que lucha solo contra una de las barreras de la ciencia.

2

En el momento, afirman poseer en su biblioteca de libre acceso, más de 47 millones de artículos. Cantidad que crece día a día.

5

Harvard ha hecho un llamado a sus investigadores y a otras universidades a publicar bajo la filosofía de acceso abierto (Open Access).

Entendiendo lo que es el laicismo

Gran revuelo ha causado la solicitud de la Asociación de Ateos de Pereira de que se retiren las capillas católicas de la Gobernación de Risaralda, la terminal de Pereira y las alcaldías de Pereira y Dosquebradas. A la fecha, la alcaldía de este último decidió retirar las imágenes católicas de su capilla para convertirlo en un oratorio neutro. En las columnas del sacerdote Diego Augusto Arcila enEl Diario del Otún y del padre “Pacho” en LaTarde dejan ver su molestia con el reclamo y arremeten contra el laicismo.

A la Iglesia Católica le molesta que Colombia sea un Estado Laico. De ser la religión oficial del país en la Constitución de 1886 pasó a ser una religión en iguales condiciones a las otras reconocidas: mormones, adventistas, pentecostales, Hare Krisna…, etc. Una cifra que pasa las 5500 según registros del Ministerio del Interior.


Hablar de Estado Laico es hablar de un Estado neutral. Un Estado que entiende que el país es plural en materia religiosa, tan plural que hay quienes no creen que Jesús sea dios, como los judíos, musulmanes e hinduistas; hay quienes dudan de la hipótesis de dios: los agnósticos; y quienes consideran que la hipótesis de dios no tiene sustento alguno: los ateos.

Es en este contexto donde se enmarca la más reciente acción de la Asociación de Ateos de Pereira. Ya la Corte Constitucional declaró que Colombia es un Estado Laico y esto conlleva a  que las entidades del Estado sean neutrales frente a todo credo. Cabe aclarar que no hay un “laicismo extremo” como varios líderes religiosos pregonan, así como no hay un “Estado de derecho extremo”. Simplemente se debe garantizar la separación entre política y religión.

Una capilla con un Cristo crucificado e imágenes de la virgen tiene de poco “neutral frente a todo credo”. Allí no se sentiría bien para orar un evangélico o un adventista porque hay imágenes prohibidas por su religión, tampoco un musulmán que no cree que Jesús sea dios, ni entraría a reflexionar un agnóstico.

Es por esto que la decisión de retirar las imágenes católicas del oratorio de la alcaldía de Dosquebradas va en camino a la neutralidad que la Constitución promulga. En ningún momento se está prohibiendo el derecho de culto de los católicos. Simplemente se recuerda que lo público no está ligado, endosado o privilegiando al catolicismo. ¿Es muy difícil entenderlo?

El padre Pacho confunde la asistencia religiosa a la que tienen derecho los presos y enfermos con el otorgamiento de privilegios a la iglesia vaticana. ¿Qué pasaría si los budistas piden una imagen de Buda junto a la de la Virgen del Carmén? De seguro no le gustará al sacerdote. Allí se evidenciaría que ellos desean “halar para su propio lado”

“Hoy se quiere hablar de pensamiento laico, moral laica, ciencia laica, política laica…” se queja el padre Pacho. ¡Y sin duda! Justamente la humanidad llegó a entender que la separación entre política y religión es lo más conveniente después de años de matanzas entre católicos y hugonotes, entre católicos y luteranos, entre anglicanos y católicos, después del Índice de Libros Prohibidos, la matanza de albigeneses y los valdenses y de los Tribunales de la Inquisición de la amada iglesia del padre Lucho y el padre rector Diego Arcila.

El estado Laico es la única manera en que las minoría religiosas no son pisoteadas, en que los ateos pueden vivir sin ser agredidos -por no mencionar el hecho de considerar que no existimos o que tenemos “rabia social y [búsqueda de] protagonismo”- por reclamar la separación entre Estado e iglesias, como dijo Arcila.

La laicidad es la única manera en el que las minorías sexuales pueden ver garantizados sus derechos ante la endémica homofobia y misoginia religiosa. Sin ella no es posible garantizar los derechos civiles a los ciudadanos LGBTI, a los que piden libremente la eutanasia, a las mujeres que desean decidir sobre su cuerpo. La iglesia quiere imponer su moral – que no es la única así lo pregonen – a todos los colombianos así no sean católicos o no comulguen con sus posturas (¿O acaso todos los católicos obedecen la prohibición del condón, la vasectomía y la ligadura de trompas?).

Para terminar deseo recordar la sentencia que sustenta la neutralidad de los espacios públicos frente a toda confesión. Sentencia C-766 de 2010:


“La neutralidad, derivada de la laicidad, no consistirá en la búsqueda por parte del Estado de un tratamiento igual a las religiones a partir de las actividades que éste realice en relación con ellas. La neutralidad estatal comporta que las actividades públicas no tengan fundamento, sentido u orientación determinada por religión alguna –en cuanto confesión o institución-, de manera que las funciones del Estado sean ajenas a fundamentos de naturaleza confesional. En este sentido, la igualdad no se logra motivando las funciones estatales con base en intereses de todas las religiones por igual –algo, por demás, de imposible realización en la práctica-, pues esta pretendida igualdad, en cuanto vincula motivos religiosos en las actividades estatales, sería diametralmente contraria al principio de secularidad que resulta ser el núcleo del concepto de laicidad estatal y, de su concreción, el principio de neutralidad."


Fuente: http://blog-sin-dioses.blogspot.com.co/2016/03/entendiendo-lo-que-es-el-laicismo.html

El espinazo de la noche

Tomada de: flickr

Próximos a conmemorar un año más de la desaparición de Carl Sagan, son interminables los reconocimientos hechos a este acucioso vigilante del cosmos por el mundo científico que bautizó con su apellido el asteroide 2790 y la base espacial en Marte.

 

Pionero de la cátedra David Duncan de Astronomía y Ciencias del Espacio; director del Laboratorio de Estudios Planetarios de la universidad de Cornell; asesor en los programas Mariner, Viking, Apolo, Voyager y Galileo; prologuista del best seller “La historia del tiempo” del físico Stephen Kawking; medalla de la NASA y premios Pulitzer y Emmy, entre otros.

 


Sagan, al igual que Isaac Asimov, Alvin Toffler y John Naisbitt, no se quedó en la fantástica
narración de relatos futuristas. Este visionario e investigador que ayudó a descifrar las altas temperaturas en Venus, los cambios estacionales de Marte y las nubosidades rojizas de Titán, también alertó no solo sobre el “invierno nuclear” y la desaparición de la biosfera, consecuencias fatales de la guerra atómica, sino también sobre los peligros del fundamentalismo religioso, el esoterismo, el boom del paranormalismo y las pseudociencias (“El primer pecado de la humanidad fue la fe; la primera virtud, la duda”).

 


Hace 35 años Carl Sagan sorprendió a 400 millones de televidentes de 60 países del mundo con los 13 capítulos de su célebre serie “Cosmos: un
 viaje personal” de la cual era su guionista y presentador. Este acontecimiento audiovisual se ha comparado con el pánico que produjo la transmisión radial de “la guerra de los mundos” de Orson Wells (1938), la trágica noticia del lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki (6 y 9 de agosto de 1945), las crónicas de los bombardeos sobre Londres (1940-41), los lanzamientos del Sputnik I (1957) y los cohetes Mercury (1958) y el alunizaje del Apolo 11 (1969).

 


Unos meses después de su muerte en 1996, cuando repasaba con mis
 estudiantes de humanidades ese memorable capítulo VII (“El espinazo de la noche”) sobre el significado de dos grandes misterios de la humanidad (el fuego y el origen del universo), fui sorprendido al obligárseme a realizar una ingrata tarea como supervisor de educación: atender una sentida queja proferida por un rector de un colegio nocturno quien pedía la apertura de un proceso disciplinario contra la profesora de filosofía por haber abandonado ésta, el aula de clase y haber invitado a sus estudiantes a contemplar, tendidos en el pastizal del colegio, el majestuoso espectáculo de una noche estelar y una lluvia de estrellas.

 


Una extraña y penosa enfermedad (mielodisplasia) no pudo arrebatarle sus sueños y sus ansias de vivir. “He aprendido mucho en mi batalla contra la muerte: la belleza de la
 vida, el valor de la amistad y la familia, el poder transformador del amor (…)

 

Quiero hacerme viejo junto a Annie, ver a mis hijos crecer, participar en su desarrollo integral, conocer a mis futuros nietos (…) De la solución de muchos problemas científicos quiero ser testigo: los viajes interestelares y la exploración de otros mundos, la búsqueda de vida extraterrestre, la solución de los mayores dilemas humanos, los peligros y las promesas de la tecnología (…)”.

 


Coletilla. A sus 62 años y en su lecho de muerte, éste quizás fue el artículo mortis de nuestro infatigable argonauta cósmico: “Me gustaría creer que, cuando muera, volveré a vivir; que alguna parte pensante, alguna forma de memoria o de sentimiento permanecerá en mí. Pero con la misma intensidad que lo deseo, sé que no hay nada que sugiera que es algo más que una vana esperanza”.

 


gonzalohugova@hotmail.com

Fuente: http://eldiario.com.co/seccion/OPINION/el-espinazo-de-la-noche1507.html

Ciencia y religión

Con la nueva producción de la serie Cosmos, conducida por el astrofísico Neil deGrasse Tyson, la cual sigue la línea estructural y temática de la primera producción realizada a finales de la década de los 70, presentada y dirigida por el también astrofísico Carl Sagan, la disputa entre ciencia y religión, dos formas de explicación del universo y la vida, una basada en la razón y la otra en la creencia, han cobrado fuerza y vigencia.

A pesar de los ya famosos intentos de establecer un acercamiento o complementariedad entre estas dos formas de aproximación a la realidad, por ejemplo el famoso debate del 2004 entre el filósofo Jürgen Habermas y el entonces cardenal Joseph Ratiznger, resulta evidente para muchos que ciencia y religión no solo son disímiles sino que además son inconciliables, pues mientras la primera parte y se nutre del cuestionamiento, la segunda nace y se fortalece con la fe; mientras una no establece límites y avanza gracias a la crítica bajo la cual somete todos sus juicios, la otra se repliega y no admite poner en duda ninguno de sus dogmas; mientras una está en permanente búsqueda y construcción, la otra ofrece una verdad inmutable y final… En fin, las diferencias, abismales e insalvables entre una y otra, son bastante numerosas y sustanciales, pero todas ellas son más o menos derivación lógica de un hecho general: la ciencia alienta el uso de la razón, la religión la inhibe.

Hoy, como ayer, Cosmos ha puesto el dedo en la llaga al iniciar la serie defendiendo con contundencia la teoría de la evolución como una explicación científica y suficientemente probada del origen del ser humano, pero esta vez la serie ha dado un paso adelante al atreverse a denunciar la patraña de quienes pretenden dotar de cientifismo a la teoría creacionista camuflándola bajo el nombre de “Diseño Inteligente”, poniendo de este modo a la teoría creacionista en el lugar que le corresponde, el de los mitos y leyendas.

Ahora bien, puede entenderse que en la infancia de la humanidad todo fenómeno recién percibido y vivido por el ser humano resultase inexplicable; que ante la majestuosa belleza de la naturaleza y su impredecible manifestación, se inventase un ser omnipotente responsable de todo y, por ello mismo, capaz de intervenir continuamente en él, pero que esa simple, endeble y provisional solución a las incógnitas y misterios de la vida, siga siendo considerada válida en un mundo en el que la ciencia ha logrado ofrecer explicación lógica y racional a muchos de tales fenómenos, exige explicación.

Explicaciones para entender este fenómeno hay muchas, algunas elaboradas por prestigiosos científicos y filósofos, algunas provenientes de la sociología, la sicología, las neurociencias y hasta del determinismo biológico más radical, pero aunque algunas de éstas puedan resultar poco convincentes, incompletas o refutables, no puede negarse que hay factores históricos, reales y concretos que no pueden descartarse a la hora de entender por qué se sigue creyendo en un dios en la era de mayor desarrollo de la ciencia.

Desde los inicios de la división de la sociedad en amos y esclavos, la religión se ha utilizado como una forma más de sometimiento y sujeción. Las instituciones religiosas se han constituido en potentes armas ideológicas al servicio de los más poderosos y ellas, en sí mismas, han detentado el poder no sólo ideológico sino social y económico en largos y nefastos períodos de la historia.

A través del miedo y del terror, de un lado, y de la espada y todas las formas inimaginables de tortura, de otro, la religión ha logrado no solo imponer la creencia en un ser divino sino, lo que es peor, castrar toda forma de pensamiento crítico y reflexivo, tarea persistente en la que las demás instituciones sociales han participado en su propósito de servir a quienes detentan el poder, que son quienes realmente reciben los réditos de la ignorancia y la estulticia humanas.

Cosmos, en su defensa férrea y sin titubeos del pensamiento científico como forma válida de conocimiento, se constituye así en un ataque a la estructura de poder que sustenta el ideario falaz de la religión, de ahí la fuerza de las voces que se levantan en contra de la serie.

La ciencia, en su búsqueda de la verdad, en su camino irreversible hacia el desentrañamiento del Cosmos, necesariamente se convierte en un arma de lucha en contra de la opresión, es ese su poder, es ese su peligro.

Votar, ¿para qué?

Hay muchísimas razones para no votar en estas próximas elecciones y en las futuras, razones que vienen dictadas desde el sentido común (quien gana es el candidato, el pueblo nada), la experiencia repetida de terminar defraudados (los candidatos solo prometen, pero no cumplen), el franco engaño (decía ser un candidato diferente pero es más de lo mismo), el hartazgo de la corrupción, la pobreza intelectual y el cinismo de muchos de los candidatos.

En el ámbito local bástenos escuchar cualquiera de los debates que los medios de comunicación están promoviendo para darnos cuenta con qué tranquilidad y normalidad, por ejemplo, frente a una práctica vulgar de hacer política como es la compra de votos, un candidato justifica el regalar electrodomésticos en su campaña como una estrategia de “marketing político” (¡qué técnico!) que utiliza como una forma “amable y familiar” de hacer llegar sus propuestas a la gente.

O la candidata que utiliza en su campaña el nombre de su esposo, arquero de la selección Pereira, y el de su hijo, deportista con algún reconocimiento, con el argumento que lo hace para que los electores sepan quién es ella (¿?). O la candidata, reconocida por la forma violenta y sanguinaria con la que manejó el desalojo de habitantes de la calle en nombre del “progreso” de la ciudad y quien además arremetió brutalmente contra los vendedores ambulantes en su mandato como alcaldesa, se atreva a afirmar que “quiere una Pereira de respeto”.

Pero hay otras razones para no votar, éstas menos evidentes, al menos para gran parte de la población: la democracia es incompatible con el capitalismo, es por ello que todas las elecciones populares dentro de este sistema son una farsa.

La lógica del capitalismo es la producción, acumulación y concentración de la riqueza, ésta se encuentra en pocas manos (“85 ricos suman tanto dinero como 3.570 millones de pobres del mundo”, Oxfam, enero 2014) y esas pocas manos son las que dirigen el mundo, las que determinan, en últimas, las políticas que los Estados promueven y aprueban para proteger dicha riqueza aunque como fachada utilicen al pueblo; es decir, se gobierna y legisla en nombre del pueblo pero se trabaja para una élite y para el beneficio propio.

Pero para que todo esto funcione se necesita algún grado de legitimación popular, lo que bien o mal se consigue con el voto y también con mucha corrupción, engaño y bandidaje, en lo que son expertos gran parte de los políticos, para mantener “aceitada” la maquinaria y lograr que el sistema funcione como debe ser, ahondando la abismal desigualdad que carcome a la sociedad entera.

Así que quien vota, aunque sea en blanco, lo que hace es legitimar un sistema excluyente y perverso.